Petroglifos de Miculla

Cuando me decidí por viajar a Tacna con mis niños me puse a buscar qué podíamos ver que fuera entretenido y que a ellos les llamara mucho la atención.

Dentro de las alternativas que encontré estaba la opción de visitar la localidad de Miculla y poder ver los petroglifos que ahí se encuentran. Así que dejamos esta actividad programada para la mañana, después de desayunar en el hotel.

Aunque existe la posibilidad de tomar un tour en un bus turístico nosotros optamos por pagarle a un taxista que nos llevó, nos esperó y nos dejó de regreso en el terminal de buses por s/60. Es que con la visita en grupo no tienes la chance de caminar y ver por ti mismo los petroglifos.

No te olvides de cotizar. Cada vez que preguntamos nos dieron un precio distinto por el recorrido y nos quedamos con el señor que nos dio más confianza.

Miculla es un sector que queda en la carretera que une Perú y Bolivia, en el distrito de Pachía. Los petroglifos están ubicados en las orillas del Río Palca ya que esa era la ruta que los distintos pueblos originarios seguían para llegar al mar. Lo más probable es que algunos de ellos hayan sido Incas o Tiwanakus.

Saliendo desde nuestro hotel nos demoramos más o menos 45 minutos en llegar hasta el sitio arqueológico de Miculla. Ahí hay un mini museo con algunas de los dibujos más sorprendentes. La entrada cuesta s/2 por persona.

Estando aquí también podrás cruzar uno de los dos tremendos puentes colgantes que construyeron los militares para facilitar el acceso a la zona.

Caminar es lo mejor que puedes hacer. Mis niños estaban fascinados descubriendo dibujos a su alrededor, jugando a adivinar qué podían significar cada uno de ellos.

Algunos eran muy obvios como las figuras animales o las caravanas, y otros, muy raros como las figuras humanas con brazos ondeantes y sombreros extraños.

El favorito de los niños fue “el flautista” y concluyeron que era un hombre tratando de llamar a la lluvia jajaja (será cierto?)

Los petroglifos cumplían probablemente la función de informar a los que venían atrás sobre lugares para descansar, comer o tomar agua. Eran formas de marcar la ruta, casi como redes sociales rupestres.

Otra cosa que nos dejó impresionados fue el silencio absoluto que había. O sea, si lograbas por un minuto quedarte totalmente quieto, incluso aguantar la respiración, podías escuchar absolutamente nada. Real.

Hemos estado en otras parte del desierto donde todo es muy silencioso, incluso cuando caminamos hacia el Lago Grey en el Parque Nacional Torres del Paine sentimos ese espacio tan grande que parece que nada se moviera, pero acá… Era total y completo silencio.

Caminamos cerca de 2 kilómetros en total. Los senderos están en gran parte delimitados y existen dos miradores a los que puedes llegar subiendo por el borde del cerro. Me llama la atención que todavía haya gente que destruye los lugares que visita. Vimos algunas piedras rayadas encima de los tallados antiguos.

Nos pasamos casi 2 horas ahí. Yo, como siempre, maravillada por la inmensidad del paisaje, y mis hijos aprovechando de dejar sus “hitos” en medio de la pampa. Un hito es una pila de piedras que señala tu ubicación y es una tradición dejar el tuyo en el lugar.

¡Es una actividad que les recomendamos completamente!

#Viajarconniños #Tacna #Perú #Vacaciones #Arqueología

Publicado por Panchi Ormazabal

Mamá viajera, CEO de Laboratorio Avanti y escritora de fines de semana en Mi Blog de Aventuras.

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